Guardaré tus besos en un pañuelo de oro y lo meteré en un cofre de cien cerrojos.
Este momento tan triste hace que un mar inunde mis ojos.
He luchado como un tigre por no perderte, pero creo que nunca he llegado a tenerte.
Coincidir es lo importante y que nos quedemos con la paz de haber acertado.
Hay que seguir cometiendo errores para darnos cuenta de lo que el uno al otro hemos aportado.
Sin calculadoras, cajas registradoras.
En el pasillo de los condenados a muerte, darte un último beso sería una suerte.
Viene una tarde de octubre, larga como una
ciénaga.
Barca nueva y buen viento.
Comentarios
Publicar un comentario