Supongo que cuando tengamos que ajustar cuentas
con la vida,
aparecerá la letra pequeña del contrato.
Se producirá entonces la liquidación
de intereses,
el desglose de los conceptos
contables,
la carta firmada y matasellada
por el algún agente financiero
de la empresa VIDA S.A
y el recordatorio con preaviso.
En tal momento, no quiero consultar la clasificación
de padres benévolos y generosos,
de fabricantes de bienestar para los suyos.
No sé en qué puesto quedaré ni cuál será
mi puntuación.
A lo que aspiro es a acompañar mientras viva
y dejar un legado de gratos recuerdos
que, contemplar, en un álbum imaginario o físico
de fotografías en el calor del hogar,
en una lluviosa tarde de otoño.
Desplegaré mi repertorio,
pero no como el pavo real
cuando abre sus alas en el Carmen de los Mártires.
Invocaré, en tal ocasión, a los clásicos
y, les sacaré brillo,
para construir bellas cartas de amor
conectadas con el acto,
vector de acontecimientos.
Aunque no estaré presente para ese día,
les dejo algunas indicaciones:
No escriban sobre un féretro,
no me depositen en una urna
y no me encierren en un nicho
en el que esculpir mi nombre.
Recuerden que la vida es solo un instante
y, que somos pasajeros,
como las palabras son efímeras
cuando se escriben sobre folios en blanco.
Protejan las dudas que tienen sobre mi persona.
Les valdrá para hacerse una imagen fiel y genuina
de mí.
Atestiguo que les he amado,
tanto como se puede agarrar un clavo ardiendo
,ante la desesperación o la angustia vital, hasta quemarse una mano.
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