Surge un verso como preludio de un deseo.
En la tarde,
me enredo en el laberinto de tu pelo
y,
tras la puerta, desaparece el velo.
La luz entra por la persiana
y, deja al trasluz,
tu hirsuto y firme pecho.
Vorágine de amor,
fuego, remolino y puente sobre un río de lava.
La voluntad no siempre hizo escribir
sobre bellos conceptos.
Éxtasis, ternura y cuerpos que se unen,
tengo tu olor grabado a fuego.
Me quemo,
y, en este incendio,
soy un habitante que no huye
de la devastación.
Tus ojos que se aventuran,
tus ojos traviesos que escrutan
el infinito.
Polizón en un barco de alta mar.
Quiero traspasar contigo la linea del horizonte.
¿Qué hay más allá?
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