El hierro que te aprieta,
es antiguo.
Es una consecuencia
de glaciares,
de tormentas de nieve,
que fabrican
una cadena, una tenaza, una correa,
que asfixian cuerpo, corazón y alma,
y todo a la vez.
¿Cómo salir de esa presión?
¿Cómo no entender la circunstancia
que subyace?
¿Cómo escapar sin hacer algo sospechoso?
¿Cómo enfrentar la mirada de vecinos y familiares?
¿Cómo respirar sin dejar rastro?
¿Cómo decirle a los patriarcas
que no son para tanto?
Que sus estrategias son de sobra conocidas,
que sus trucos y conjuros,
son tan básicos
como ver orinar a un perro en un jardín urbano.
¿Cómo mirar el presente sin sesgos de ningún tipo?
¿Cómo no afrontar lo que es en vez de luchar por lo que debería ser?
El hierro que te aprieta se resquebraja
por sí mismo... Se dice a sí mismo.
Descansa, medita, agarra fuerzas.
Eres grande, hermosa, fuerte y valiente.
La vida se encarga. Ya hiciste mucho.
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