Podríamos decir que pueden
ser calificados, en tiempo y forma,
como dramas contemporáneos...
Que la tarjeta del banco se la trague el cajero.
Que la persona a la que amas no conteste a tus "whatsapp".
Que la persona a la que amas,
construya frases con puntos
suspensivos sospechosos.
Que no haya café a las siete de la mañana.
Que haya un atasco y se llegue tarde al trabajo.
Que se acabe el gel del baño y te tengas que lavar
el cuerpo con champú.
Que la pizza en el microondas no salga crujiente.
Que las pistas de fútbol sala del barrio estén cerradas.
Que no lata el corazón.
Que no haya alegría en las aceras.
Pero todos estos dramas contemporáneos
ya formaron de, alguna forma, parte
de la historia y literatura universales
y motivaron grandes obras.
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