Cuando las sociedades se atrincheran
en torno a una idea,
o a un conjunto de ideas
que fabrican una tendencia o tradición,
es complicado oponerse de forma
frontal o tajante.
Si alguna vez hablamos mal de Ludwig,
fue porque queríamos construir algo de justicia
en jardines donde el triunfo
era... Ese oro, que no reluce tanto.
No pretendíamos edificar la enemistad
con propios y extraños,
sino hacerle un guiño
a esa hermana de mi madre
que venía con ganas de llorar,
cada tarde, a la casa de la Abuela.
¿Por qué no dejamos en paz a los muertos?
¿Qué daño nos han hecho?
¿Envidiábamos el lujo en el que vivía instalado?
¿Sus coches fastuosos? ¿Las cenas con las que agasajaba al mundo entero?
No es ese el asunto.
Años después,
llego a la conclusión de que hay gentes que nunca han rectificado.
Pero no espero su rectificación.
Las piedras que lanzaron,
se las tiraron a ellos mismos.
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