Naipes sobre el asfalto,
utensilios inverosímiles,
calles oscuras
y el frío de noviembre.
Desolación.
Despedida en un portal.
El puente que se eleva sobre la M-30
y va hasta la Mezquita.
Cartas puestas boca arriba
de la baraja española:
oros, espadas, copas y bastos.
Emociones gélidas,
sensación de abandono,
racimos de soledad, acostumbrada.
Es sano afrontar a los monstruos interiores:
clasificarlos y reducirlos
al más mínimo de los tamaños.
Contra el espejo,
el cristal deformado no permite
ver con claridad las ideas.
Separar el objeto de la carga afectiva,
poner en orden
el conjunto de sucesos.
Y no tirarlos como naipes
malgastados,
cubiertos de mugre en la acera.
A esta altura del año,
es necesario un descanso.
Hay que elegir bien cómo y en qué gastar las fuerzas.
Dar lo que sea preciso
a las personas que nos importen
y que la vida reparta otra mano
, que continúe con su indefectible paso.
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