Caminamos por esas calles,
como sombras de extrarradio,
asistiendo al baile de las horas,
cuando oscurece
y, el último autobús,
sale hacia Plaza de Castilla.
Vamos y venimos, sintiendo y resistiendo,
besando, acariciando, abrazando,
volviendo a subir escaleras,
ejercitando el músculo
de la ausencia o el del reencuentro y
regresando al punto de partida.
Sabíamos, lo presentíamos
- el viaje no es sencillo -
y, sin embargo, aquí estamos
afrontando y enfocando dificultades,
viendo cómo se puede procesar
la emoción y levantarnos
desde el llanto o la desolación.
Y, de repente, una fuerza misteriosa y oculta,
nos redime y nos eleva.
Es el amor que construye atajos,
pasadizos y abre puertas y ventanas,
al presente inmediato.
Comentarios
Publicar un comentario