Siempre que he intentado escapar del lugar donde estoy,
he diseñado fantasías en technicolor.
Un gran viaje por la ciudad,
una excursión entre árboles o por un bosque,
el último y detallado artefacto gimnástico
en un parque o cancha pública,
la última travesía del amor
o la penúltima, tal vez.
Desplazándome muchos kilómetros,
recorriendo muchos paisajes
urbanos, humanos, demasiado cotidianos,
cuyos elementos se repiten
como teselas de un mosaico.
El tedio y el hastío que me provoca
la secuencia que insiste,
está en mi interior.
Mirar con ojos nuevos,
con ojos limpios y no contaminados
hace que me sienta mejor.
El único viaje necesario es hacia el interior de uno mismo.
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