Hay ciudades que no nos conmueven, de entrada.
Están compuestas por
avenidas largas, pasadizos metálicos,
edificios como poliedros, simetrías, equilibrios,
y muchas líneas rectas.
En ellas,
he conocido el significado
de los rectángulos, de los círculos y
de los sólidos platónicos.
He visitado jardines sin permiso,
y he renunciado en domingos de madrugada
a la ingravidez del asfalto,
y todo por una caricia o por un beso.
Hemos caminado como autómatas, en un principio,
- y seguimos viviendo, como autómatas -
realizando tránsitos casa-trabajo
y satisfaciendo necesidades vitales.
Hasta que un buen día,
el hierro que recubre el laberinto cotidiano,
se funde
- y se puede ver -
qué hay más allá de los muros protectores.
- Qué hay más allá -
de ventanas transparentes,
de personas ejemplares,
cuál es la sombra que se antepone
al acto,
qué hay más allá ...
En esta tesitura,
muchos optan por seguir conservando la máscara,
pero, sin embargo, otros,
no la necesitan
y continúan desprovistos de antifaz.
Estos son los gladiadores que
son arrojados a los leones de cristal
y, son devorados:
por el amor, por la melancolía,
y deben viajar al pasado para ajustar cuentas
consigo mismos.
Son los renegados.
En ciudades como estas,
se aprende - la humildad de los pasillos de un hospital,
la monotonía de los andenes del tren,
la soledad de la lluvia sobre las aceras,
a vivir sin aplausos,
y a despedirse sin adioses.
Sobre el manchado tapiz del tiempo,
nadie nos reconoce,
nadie se acordará de nosotros,
pero eso es normal.
En todo caso,
habremos vivido por una idea,
contrarrestando el elogio de lo cursi
-el fucsia sobre el naranja estrellado -
las procesiones de tribus dominicales,
la irrebatible necedad de las gentes,
el grito incontestable de los callados.
Mientras exista la vida,
habrá un pretexto.
Mientras exista el pretexto,
habrá una misión.
Mientras exista la misión,
seguiremos evolucionando.
Como crece la belleza en un mar de fealdad,
como se abren paso
las flores de loto desde el fondo de un estanque,
como el círculo se completa, compitiendo
consigo mismo y
,se llega,
al punto de partida:
una estación de autobús,
un regreso a la esencia,
una vuelta a una vida pacífica
sin tanta gente alrededor.
.
Comentarios
Publicar un comentario