Il regno di Palmira

El reino de Palmira 

está manchado de orín y mierda de cinco perros 

que nadie jamás 

ha limpiado. 

Cuando termina cada madrugada 

su trabajo,

su marido, un anciano casi inválido 

y casi invidente,

la va a buscar en el coche 

por las carreteras angulosas de Formia

con el riesgo consiguiente. 

¿Quién iba a creer en que el paso 

de las favelas a la campiña romana 

iba a ser un camino de rosas? 

El trabajo está hecho. 

Décadas de odio 

llenan un charco lleno de melancolía. 

El reino de Palmira 

ha de ser olvidado:

como una receta que el tiempo nos impone,

como un antídoto contra 

el campo brasileiro que no construye,

sino que destruye y deja 

un reguero de sangre y tristeza. 

Las colinas de Formia saludan a los epigramas de Marcial,

como un acto mecánico 

y casi industrial. 

Evitar la radiación es una medida de prevención. 




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