Il giardiniere

 El jardinero regaba las plantas, 

arreglaba los setos, cultivaba nuevas flores 

en el jardín del señor Alfredo. 

Tanto lo cuidaba todo, 

que le daba tiempo a tener atenciones 

con su joven hija. 

En Estocolmo,

no está bien visto que el jardinero 

se case con la hija del banquero.

Sin embargo,

aunque era un amor prohibido,

tanto como colarse en un baile de palacio

y besar en la boca a la prometida del príncipe 

Carl Philip,

él trepaba por las ramas del árbol

para entrar en la alcoba de Anna

cada noche. 

Sven era un proscrito nocturno 

que desafiaba la gravedad 

y la moral caduca 

como el que hace una acrobacia 

sin red en la cuerda del funambulista. 

En cada encuentro,

los jóvenes se abrían como orquídeas

y aparecían sus primaveras 

floreciendo sus campos. 

Dos fugitivos perseguidos,

dos renegados. 

Sus jugos explotaban con un fuego volcánico, bárbaro.

Y del amor vino la bebé 

como de una ciudad poderosa 

surge un barrio de extrarradio. 

Según el señor Alfredo, el criminal debía ser ejecutado. 

A él lo apartaron, lo condenaron a su barrio de extrarradio. 

A ella la casaron con un abogado importante. 

La bebé ahora es una mujer y se pregunta a donde pertenece. 

Quién es su padre y por qué ha tardado tanto tiempo

en conocerlo. 

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