El padre de Axel

El padre de Axel recorrió El Salvador, Guatemala y México 

pasando junto a ríos, selvas y barrizales,

con la vista puesta en llegar a Estados Unidos. 

Cruzó el río Bravo y llegó a la otra orilla. 

Silbidos de metralla de la policía fronteriza 

tras sus pasos,

llegó hasta el campamento y lo deportaron. 

Años más tarde, viajó a Madrid,

buscando de nuevo un digno camino. 

Conocía todos los oficios de la construcción,

y fue, ladrillo a ladrillo, 

edificando el porvenir y el de los suyos. 

Cemento de extrarradio, 

Villaverde traza la línea del horizonte 

y sus descampados llevan más allá de Madrid. 

El padre de Axel es un gran hallazgo: 

nos cuenta una historia y nos da una lección de humildad 

sin precedentes. Es protagonista de un poema de Celaya,

un héroe cotidiano, que, silenciosamente,

deja su legado mostrando el oficio a su hijo,

enseñándole el valor del esfuerzo y de la constancia,

de la perseverancia. 

Desde luego, no todo es luz y también hay alguna sombra:

el viejo es terco y gruñón,

el niño de ayer lo teme y llora.

El tierno hierro acaricia pero también hiere. 

Piel suave cubierta de heridas,

que cicatrizarán 

en el joven adulto de hoy. 

La barca está en marcha. 


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