Cuando la helada y transida luz nos transporta
a la oscuridad del alma,
regresan los augurios,
los planes y los antídotos.
Las calles se cortan y se alargan,
aparecen y desaparecen muros,
aparece y desaparece la gente por esas calles.
Alrededor del ruido que había, todo es una anécdota.
Las farolas se encienden.
Las fruterías sacan sus cubos de basura
llenos de suculentos manjares.
Me falta energía.
Deseo beber de un elixir mágico,
propio de un cuento clásico
y sentirme algo más fuerte.
La energía
va acortándose pues no se tiene todo en orden.
La tarde espera algo más que certezas
e invita a un largo paseo como ayer
por el bosque urbano.
Vuelvo a caer.
Vuelvo a caer sobre la emoción primera.
Regreso a aquellos recuerdos que me han hecho
sentir pleno:
brillantes, relucientes colores de caleidoscopio
chocando contra los ojos.
Vuelvo a confrontar episodios donde habitan el fracaso, el error y sus corolarios.
Sigo intentando. No he aprendido nada si no corrijo nada
y sigo haciendo lo mismo que hacía antes.
Me levanto desde las ruínas de mi edificio. Camino recto.
El arte es una fantasía.
No creas que todo es poesía,
pues cada verso que ves, de forma aislada,
es una isla en un mar de significados.
No creas que todo es poesía.
Una cadena de islas no siempre es un archipiélago
ni el que lo escribe es un poeta
por el mero hecho de realizar
el dibujo de unas letras sobre un folio en blanco.
¿Qué transmites? ¿Qué deseas proponer?
¿Cuál es el mensaje que subyace a "tu obra maestra"?
Suena una pieza de violín y no sé identificar si es Vivaldi o no.
La música es el fármaco necesario,
para canalizar el dolor.
Comentarios
Publicar un comentario