Mentiras del pasado

No quiero mirarme en ese espejo 

de nuevo. 

No, otra vez no. 

De todas formas, es inevitable. 

Déjale paso a un viento conocido y antíguo,

vuelve a visitar 

el vidrio largo

que trae imágenes en el recuerdo.  

Los "vecinos del segundo",

trascendieron. 

Cada cual en su tarea afanado,

dejaron la "marca-familia" 

por convertirse en "filántropos 

de marca registrada."

Hay mentiras que caen por su propio peso, 

y pesan tanto 

como la nimiedad de sus ideas. 

El sistema clasista clasifica y condiciona. 

El poderoso caballero don dinero 

establece alianzas 

en la ciudad de las maldades,

en la ciudad en la que dos hermanos 

se matan por tres duros

y luego se dedican 

a lavar su imagen yendo a las iglesias 

o a visitar a unas monjas. 

Si volviera a Granada,

no me encontrarían por ninguno de sus barrios,

ni iría a las reuniones 

que crean 

ya no por lo mucho que se quieren entre ellos,

que también,

sino para cultivar su ya hipertrofiado ego. 

Antes, su sola presencia me irritaba. 

Sacaba de mí al monstruo y al bellaco. 

Ahora, su sola presencia me hace gracia. 

Ellos creen ser aventajados,

poseedores de la ciencia y de las artes, 

caballeros y damas, señores y señoras de excelentísima gracia. 

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