En el inframundo educativo

 En el inframundo educativo,

hay palacios por fuera que son chabolas por dentro 

y hay bloques de cinc amontonados 

que aguardan lugares que se asemejan a Versailles. 

Torres de marfil por los pasillos, 

clase media en el café de las once

y a nadie parece que le importa 

esa lucha en la que cada cual está inmerso. 

"¿Cuándo saldrás del bucle egocéntrico?", parecen 

preguntar algunos compañeros al 

compañero subsiguiente. 

"¿Escucharás mi historia?"

"Algún día", responden los contertulios 

sin salirse del contexto,

de ese baile irónico 

y desacompasado 

que propone el terminar el horario

para salir, de súbito, corriendo, 

a sus respectivas madrigueras y pim, pom, fuera. 

Los mensajes oficiales de la oficialidad

tienen eslóganes vacíos y huecos,

hablan de objetivos de desarrollo in-sostenible,

sobre departamentos de des-orientación,

problemas medio-ambientales 

y diversidad sexual. ¡No está mal! 

De ser ciudadanos, o 

respetarnos los unos a los otros,

se habla solo cuando 

la ocasión es propicia 

pero es que -ese tema importa menos sabeusté- 

porque, en la práctica, 

es que esta es, 

la guerra de todos vs. todos,

una distopía en la que nadie acabará ileso. 

Existen también directores y pseudodirectores,

que son caricatura de emperadores romanos,

quemando ciudades o meando enfrente 

de sus súbditos y esclavos.

Dioses invictos 

que fomentan a divos y a divas,

en una escenografía malsana,

propia de un vodevil de los malos,

escrito por Jose Luis Moreno, 

o una astracanada 

interpretada por Pajares y Esteso. 

Pese a todo,

en el inframundo educativo,

se encuentran algunas luces: 

hay todavía buena gente que saca el trabajo 

adelante,

y que no pisa a nadie. 


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