Anhelando cuerpos ingrávidos,
nos sumergimos en líquidos
con la consistencia de las burbujas
pero todo nos pareció:
frágil, accesorio, fuera de todo contexto.
Estados febriles que remiten
de forma intermitente,
presencias efímeras,
túneles de tiempo,
ilusiones ópticas.
Náufragos en la noche
desprovistos de certezas,
forajidos armados,
naranja de metilo y tornasol
sobre las aceras,
paraguas y gabardinas,
alfiles contra torres,
viento de otoño en el costado,
Rusia resiste matando al invasor.
Por todos los que entonamos
una canción o un himno
cuando no hay quien nos escuche.
Por todos los solitarios que brindan
en tardes de octubre como esta
en la que
volvemos exhaustos
tras la brega.
Sísifo nos anima a seguir subiendo la cuesta.
Para que la mentira no venza.
Para que la verdad sea cuestionada.
Para que una brizna de calma nos acompañe en este momento y todo lo demás no importe más que lo justo:
el espacio que ocupa
una gota de agua
en un estanque.
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