Cada cual habita una ciudad paralela a la de los demás y
se transforma con su historia, su personalidad, su ego, su super ego,
en una orbe en miniatura, que ocupase una baldosa,
un sillón, o toda la creatividad y la imaginación del sujeto en cuestión:
toda su fantasía.
Con el mecanismo del fugitivo uno puede aspirar a enajenarse
en su propia geografía mediante utensilios conocidos
utilizando drogas antiguas y modernas.
En la clasificación de ciudades posibles he elegido estas (habrá más,
sin lugar a dudas)
:
Hay ciudades-persona que se parecen las unas a las otras
y se asemejan tanto entre sí
en su arquitectura, su decoración y conllevan las mismas tradiciones
- también comparten unos usos y costumbres,
un folclore similar -.
Su casco histórico suele tener una plaza céntrica,
rodeada de soportales.
Hay ciudades-multiformes que se van construyendo
a cada paso y no siguen una tendencia definida. Son ciudades llenas de color.
Hay ciudades-luminosas y ciudades-oscuras. Diríamos que las segundas se pueden englobar
en las primeras porque la oscuridad es la ausencia de luz, es la no-luz.
Hay ciudades-fotograma, ciudades-dibujadas, ciudades-en estado gaseoso- ,
ciudades-que vuelan como una cometa, ciudades-alternativas
- y aquí tocaría hacer todo un análisis de modas posmodernas,
grupos indie que traen una "nueva psicodelia"
para sólidos contribuyentes
que no cuestionan el sistema y son parte de la involución,
gentes de festival y esquís al hombro
en el autobús de las siete,
la crème de la crème,
de allí y de allá.
También hay ciudades-monolíticas
con edificios como cajas de zapatos,
en las que la gente tiene una existencia gris
y se engrosan números en un sistema que los contabiliza
en su registro único y centralizado.
Asimismo, he podido observar ciudades-de capital importancia-,
ciudades únicas que se distinguen por tener atributos
de una diversidad apreciable según los estándares
de medios de comunicación reconocidos,
que las han colocado en un ranking de las mejores ciudades.
Pero las que prefiero, son ciudades -humildes- que
saben que existe el error,
y saben corregirlo.
Ciudades que, a pesar de los vaivenes de la historia,
avanzan con disciplina, trabajo, generosidad y amor,
y no hacen caso de los folletos de las agencias de viajes,
ni del último artículo del National Geographic.
Esas que están abiertas para el que quiera visitarlas
pero que saben cerrar sus puertas
a una hora prudente para
vertebrar la vida dentro de los muros.
Las que muestran al mundo
que el pan y el trabajo se reparten,
y el agua de los ríos a todos pertenece,
que nadie es mejor que nadie,
y que todos tenemos derecho a la dignidad de nuestras vidas.
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