Poema de Martes

Voy caminando por pasadizos de arena y asfalto

y llego a un oasis, repleto de libros, de películas y de discos, 

para salvaguardarme de este vacío que siento. 

Supongo que ese es el error, 

pero éste me da la pauta: 

tengo una urgente necesidad de escribir 

este poema de martes. 

Quiero defenderme y justificarme con palabras,

pues lo que puede parecer un día inútil 

- colocado sobre el almanaque - 

es algo más que un objeto que invoca al arte. 

Se dice que este se construye a sí mismo, 

que sus fragmentos son unidades indistinguibles 

que forman un mosaico.

Por ejemplo:

Un muñeco de plástico tirado sobre el suelo 

bien visto puede ser una obra de arte. 

La voz de la bibliotecaria y su musicalidad 

es también otra llamada 

a la belleza. 

La huída del hombre gris en la ciudad 

y su consiguiente dilema

no es bella, pero es arte. 

La disonancia cognitiva tiene un gran potencial creador. 

El arte no nos habla únicamente de lo hermoso. 

A veces: Es fiel reflejo 

de lo que sucede a nuestro alrededor. 

Otras: Una recreación que persigue agradar a un público,

a una audiencia determinados. 

El martes es un autobús que camina por una gran avenida 

y nos deja cerca del café más cercano 

para encontrar esa parte de nuestro ser que no encaja,

una vez más. 


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