El padre que no fué, el padre que sí soy

 Cae la noche sobre la ciudad, 

y muchas farolas pueblan cada parcela de asfalto. 

Dicen que estamos hechos de historias,

pero 

en mi creencia,

afirmo que estamos fabricados de aleaciones de metales,

mezclados con arena, barro y asfalto.

Hay cumpleaños que se celebran en parques, jardines 

o simulacros de palacios. 

Hay otros que se celebran estudiando matemáticas para el día siguiente 

o visitando un hospital. 

Mi padre, celador de profesión, nunca empujó mi carrito de bebé. 

Ayer como padre de hija lesionada, 

en el día de mi cumpleaños,

empujé su silla de ruedas

en la antesala de las urgencias de un hospital céntrico. 

El padre que no fue, el padre que sí soy 

y no me coloco ninguna medalla,

siguiendo la tradición de mi abuela,

que como general de un pseudo-ejército,

celebraba los éxitos de sus soldados como propios. 

El día que no es, el día que es, 

y ya han sumado 44 años desde el inicio. 

La vida que no es, la vida que es, 

¿de qué sirve el deseo? 

El deseo es la droga que anticipa el futuro,

la psicodelia que propugna el sistema

para que uno continúe dándole vueltas a la rueda 

en la cajonera del hámster. 

El tiempo pasa, como pasajero de un tren 

que conociera la arena de un desierto 

y cuya única meta fuera 

rescatar, de este instante, 

el fulgor, el brillo, del verbo justo 

disparado como una bala

contra el pecho del olvido. 

Estoy en paz con ese hombre que no fue,

con este hombre que soy,

con aquel hombre que, en construcción, 

todavía no he sido. 



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