Quien esté libre de contradicción
que tire la primera piedra
o que empuñe el sable
en plena reactividad del egocentrismo.
Que ese alguien recite la "penúltima estrofa"
de algún poema que nos hace llorar
y que ponga aquel disco que nos llegó
hasta el centro de la médula.
La mente que no fluye, que se estanca en una idea,
nos hace observar que cuando nos reflejamos
en el espejo de jinetes contradictorios
y afirmamos sobre su contradicción,
es, en el fondo,
un momento en el que estamos empezando a asumir la nuestra.
Sistemas de creencias prefabricados, apegos y aversiones,
nos traen prejuicios,
y cuestionamos su búsqueda de "verdad"
porque, creemos, que toda "verdad" está limitada,
que todo "libre pensamiento" no es del todo "libre".
Muchos jinetes contradictorios
-- aquí viene toda la glosa de la que disponemos --
se codean con altas esferas,
y deben bailar muchas canciones,
ser como el camaleón que cambia de color
y que tiene una adaptación vertiginosa
al medio en el que está.
Así sobreviven y luchan y se enfrascan
en tareas reivindicativas
pero luego toman distancia
y vuelven a su "libre pensamiento" de circunstancias.
El dios dinero conduce sus destinos,
pero sus argumentos pueden colocarse bajo luces de neón.
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