Edipo moderno

No esperen 

cuantiosos entendidos,

encontrar algo profundo sobre estos versos. 

Es en la expectativa donde más fallamos 

y así lo es, también, en el deseo. 

Hubo una vez un Edipo moderno 

y preguntarán por qué era moderno

y es que ya, de por sí, los tiempos eran modernos. 

Amaba a una imagen construída de madre, defendía todas sus ideas,

algunas no tan sanas 

y formaba batallones rápidamente 

ante cualquiera de sus estímulos negativos. 

Edipo deseaba dar muerte a su padre

inconscientemente. 

Jugando a ser detective buscaba su nombre en la guía telefónica,

y llamaba a su casa para preguntar por él.

Nadie respondía al teléfono.

El objetivo era cancelar una idea,

matar la contrapartida contable con el correspondiente asiento

y anotarlo en el libro.

Reprimir el mecanismo que le había concedido la vida. 

Nunca deseó conscientemente hacerlo, 

pues sólo era capaz de jugar 

en estadios rodeados de detergentes 

y ropa limpia, 

y en la cocina

viendo cómo ardían las hormigas rociadas de alcohol

cuando se les prendía una llama

sobre el suelo.

Ni siquiera cuando se presentó frente a él,

y tamaño señor se atrevió a ensuciar nombres "sagrados", 

banderas sin mácula, motivos para una cruzada... ¿Conceptos religiosos o culturales? 

Ni siquiera en ese trance, Edipo -que no era rey ni lo sería- blandió la espada,

porque asumió que era su elección

y no tenía la más mínima intención 

de ocupar su puesto. 

Sin embargo, ardía en llamas,

y proyectó su odio, su rencor, también su ira

hacia gente que no lo merecía.

"Suele pasar", me dices. 

¿Habría sido más fácil matar a un anciano y pagar delito? 

No creo... 

Ya desde temprana edad, los hombres mayores que él,

salvo algunas presencias queridas como tíos y primos,

se convirtieron en "enemigos". 

El bunker-cueva era su paraíso.

Parecía decirse: "Abajo la autoridad, ¡nadie podrá conmigo!" 

El niño no es un tirano.

La mayor parte de lo que hace, lo hace porque no encuentra el abrigo. 

Noches blancas sobre el sillón del salón.

Lágrimas de cristal sobre la luna rota del escaparate:

infierno frío.

Alguna vez creyó en la conspiranoia,

con casi todo en contra, 

desde el inicio. 

Señoría, nada que alegar... Me declaro inocente.

Saldré del Calabozo compartido. 


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