A porteño came to town and he's not Santa Claus, of course.
Se muestra brillante y desenfadado,
sonrisa de perfil,
un hombre de amplios conocimientos y de mundo,
tiene el destello de los taxis de Seattle
y el amanecer de la churrería San Ginés
en el centro de la capital, bisagra de las dos Castillas.
Trabaja para Google, gigante informático, en un contrato por obra,
pero lo vende como si ya se codeara
con la plana ejecutiva.
Viene caminando desde Callao,
pero ante la hembra despliega todo su plumaje de pavo real.
Hay tipos que amenazan la continuidad de la especie
y, sobre todo, el progreso del pensamiento.
Sus contínuos clichés,
su culturilla del reader digest,
su tono metálico y toda su arrogancia
recuerdan a uno de esos actores secundarios
que poblaran los western made in Italy.
La vida es un western con fuegos artificiales,
me digo, mientras salgo del palacio de la cultura
y veo una super bola iluminada
que me hace plantear el hecho en sí mismo:
El facturón de luz que pagará el ayuntamiento al final de mes.
No hay becas de comedor para los escolares más desfavorecidos,
ni vivienda social para los sin techo,
pero hay luces para todo el centro, igualando un derroche sin precedentes.
La pre-potencia puede ser gubernamental y personal.
A porteño came to town. Podría ser esta ciudad o cualquier otra.
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