En la oficina,
el jefe se muestra satisfecho y contento
por la inminente llegada del fin de semana.
Se viste de viernes,
y la sonrisa gélida de ayer
hoy es una oda a la alegría,
un canto a todas las virtudes de la primavera,
aunque es otoño.
Tópicos del extrarradio industrial.
Rancias poses,
motivos xarnegos y reminiscencias
al pasado
de antíguos gestores de cortijos.
Armonía artificial,
todo funciona:
Baile de máscaras.
Eslóganes, clichés, clasificaciones
de colegio de los jesuitas de los años 50.
"Ni ayer fuimos tan malos ni hoy tan buenos",
dice un lema absurdo de nuestro equipo del barri.
Las Madres del lugar exponen
sus temáticas de clase media.
Creo vomitar.
Espera... Hoy salgo a las tres.
Me quedaré un rato adelantando lo del miércoles.
Me voy de puente.
No es para tanto.
La inmediatez.
Nadie es mejor que nadie,
pero algunos piden el premio
y se postulan hacia el estrellato.
Mientras unos viven para los flashes de la prensa,
otros deambulan por las ciudades
como sombras grises,
impasibles y anodinas.
La gran masa que algunos deploran,
es la formada por los héroes de Celaya.
¡Despunta, luz del alba!
¡Se acabó la jornada!
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