Septiembre

Septiembre,

yo recordaba tu nombre. 

Eres aquel presagio del comienzo de la estación fría:

la que deja las calles casi vacías,

y en la que los ríos fluyen sin público que los contemple. 

Como recuerdo infantil, 

hojas van cayendo cerca del puente de los franceses 

en Granada,

y van cubriendo de un manto anaranjado,

el albero y el empedrado de la ribera del Genil. 

Localismo. Genil, distante, flashback, déjà vu. 

El Darro, desde la fuente de la Teja, atravesando pueblos

A más de cuatrocientos kilómetros, están entre otros ríos:

Manzanares, Jarama, Tajo y algunos Arroyos.

Cada cual con su singularidad pero casi desconocidos, 

como si hubiera que hablarles de usted. 

En la ciudad, debato alguna confusión, llámale sistema de creencias,

 crisis de fé con respecto 

a algunos dogmas.

Me planteo y me replanteo el discurso político de los que dicen ser

adalides del pueblo,

pero no son más que personajillos aventajados, dispuestos 

a degollar a cualquiera por un sillón 

o una foto con el jerarca. 

Me planteo esos símbolos en los que he creído,

y de los que me desvinculo. 

No más muerte ni más destrucción. 

Brindemos bajo los soportales de la razón,

sigamos cuestionando el orden establecido, 

pero alejémonos de cualquier presencia ingrata,

de cualquier presencia que nos agobia o maniata. 

Por la libertad del ser humano.

Contra los que dicen ser, sean estos o los otros. 

Sin patria, con la razón como consejera, y sin dueño. 


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