Tras las cuerdas de acero

A mi querido guitarrista

Tras las cuerdas de acero, 

construyes esta melodía 

que me emociona 

en días metálicos

como estanterías de almacén 

o vías del ferrocarril. 

En tu gesto,

se observa la concentración 

del guitarrista. 

Me conmueve tu compromiso 

con las notas musicales, 

como fabricas los acordes,

y como tus dedos ágiles 

se desplazan entre los trastes 

sin aparente esfuerzo. 

Tu cabello que tapa tu rostro,

que no deja ver tus ojos 

cuando te afanas sobre el instrumento

es una muralla dorada 

que rodea este acontecimiento. 

Como un artesano que 

compusiera su obra más preciada,

así se te veo yo,

tras tus cuerdas de acero.

Sigues aprendiendo a diario,

inventando sonidos nuevos, 

experimentando con los ya conocidos,

describiendo un paisaje musical 

con la materia 

de la idea que precede al acto 

que enarbola un sueño.


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