A todo volumen,
el altavoz va a todo trapo,
mi vecino nos deleita
con los grandes éxitos
de la música norteamericana
de hoy, de ayer y de siempre,
y la canta a voz en grito
con su tonalidad demente...
¿Cuándo callarás, maldito?
Que exhibes tu gusto musical
a los cuatro vientos,
como el que compra whiskey de calidad
y va enseñando la botella por todo el barrio.
Con la ventana abierta: Risotadas se escuchan en el bar de la esquina.
Es la hora de la desesperación.
Parejas desestructuradas, otras felices,
los borrachos de siempre tarareando, el camello en su descanso,
el chivato en la terraza junto a su parienta.
La tienda de los chinos que sigue abierta.
Luna sobre la tormentosa Concepción.
La belleza de un fracaso
se eleva más alto
que las propias tinieblas.
Madrid, artesonado metálico,
meccano multicolor,
de tornillos y tuercas oxidadas.
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