Es fácil de encontrar,
pues está en nosotros mismos.
Es fácil darse cuenta con velocidad
de cuando esta estructura
está contenida en el interior de los demás.
El mar sin error, es una superficie inmensa,
de agua que parece cristal.
En su fondo, hay montones de navíos
que naufragaron
y, cada día, se hunden solos,
pues no es que se trate únicamente
de un lugar inclemente,
sino es que él mismo
se encarga de actuar como un juez severo
que no les permite el paso.
Si uno se fija, detenidamente,
los barcos son ideas que nacen
pero que no se desarrollan ni crecen
porque el mar - mente las pulveriza
antes de llegar a algún puerto
para formar bloques de pensamiento.
El mar sin error
es un líquido frágil,
que tiende a resquebrajarse ya que está compuesto
de vidrio y de cristal.
Los poliedros que forman sus aristas
son hilos finos,
puntiagudas formas
de hielo,
que revisten su frontera,
y lo acotan
como conjunto cerrado.
Es sencillo verse inmerso
en sus procelosas aguas,
pero es complicado
quedarse a un lado,
ser totalmente espectador.
El marino que ose
desafiar al oleaje,
debería aspirar a abandonar su misión.
Volver al origen del viaje
y visitar un mar paralelo,
acaso equidistante,
que se llama el mar con error.
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