Quo vadis, Trump?

 Después de alentar a las muchedumbres, sus abogados le invitan a retractarse y se emite un comunicado oficial para desmarcarse.

Es fácil comprobar cómo se conocen 

sus artimañas, 

su movilización de mercenarios 

que revientan edificios.


Agitadores expertos,

que acumulan a toda la white trash

posible, 

secuela del sistema capitalista. 

Heterosexual, blanco, endeudado. 

Tres adjetivos propios del seguidor 

de Trump. 

Aquél con aspecto de ciervo,

el otro con una máscara de spiderman,

creen lícito asesinar al sistema

cuando no le es afín a sus intereses. 

A pesar de que, si el FBI encuentra pruebas 

fehacientes de esta fechoría, 

Donald debería ir a la cárcel,

Estados Unidos empieza a tener los mismos 

problemas dentro de casa 

que los construye en países vecinos 

cuando un dirigente 

no le es obediente ni se somete a los dictados 

del pretérito Imperio

y se lleva a cabo un golpe blando

Pero no irá. Su ejército de abogados 

es capaz de paralizar cualquier proceso, 

y ya se le compara con fastuosos y podridos presidentes 

como Berlusconi.

Entonces el país debería asumir que se ha perdido la hegemonía mundial, 

que ya no se es 

el número 1, 

y esta es una receta bastante sana. 

Pero el gigante que todo lo ambiciona,

no sabe o no quiere.

Es un niño malcriado 

que creció sin límites claros 

en cuanto a qué se puede hacer 

en sociedad. 

Restallarán de nuevo las metralletas 

en la trinchera. 

Los vendedores de armas,

los fabricantes de instrumentos nucleares

no cesarán de activar la maquinaria de la guerra 

en pos de un mundo 

en el que... ¿sólo debe de quedar 1?

 Cuando Trump no sea Trump,

enajenado de sí mismo,

¿dará un golpe contra sí mismo?

¿Narciso acabará con Narciso?

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