No soy un seguidor,
y no aspiro a que me sigan.
Supongo que soy un rebelde curioso,
forjado por las circunstancias,
y cuyo máximo deseo es alcanzar
la paz en su micromundo.
Pero ya no soy un seguidor.
Antes abrazaba sombras,
confundía símbolos,
me adhería de forma sistemática
a algunos iconos.
Sin embargo, ahora para mí
son el acervo hueco,
la seña de identidad vacía y estéril
de la mezquindad de otros.
Otros que nos engañan
y nos dicen hacer,
y prefieren que creamos
en la tierra prometida de un sueño inalcanzable.
Utopías que nos sirven para caminar
pero con quién...
A veces al vecino no me apetece ni decirle los buenos días.
Comentarios
Publicar un comentario