Me gusta mi calle, oscura

Me gusta mi calle, oscura 

En la tarde de domingo,

es una travesía íntima

conmigo mismo.

Hay algunos árboles 

que no preguntan 

cuál es mi itinerario

ni a dónde me dirijo. 

Me ven en el trayecto 

de ida, 

y en el trayecto de vuelta. 

Inermes, cariacontecidos,

inmutables,

dando testimonio de lo vivido 

en décadas.

Realizando todo un recorrido histórico

de una fase que no puedo 

evidenciar.

Informe del paso del tiempo 

en lugares que se vuelven atemporales 

y que subsisten.

En ellos

abundan:

talleres mecánicos con rótulos, 

en los que figuran, 

apellidos de médico importante,

cuerdas con la ropa tendida,

hierba tras la alambrada, 

el pico naranja de un córvido,

la naturaleza humana 

inexistente, 

sólo contrariada 

por la presencia de una pareja de mayores

que renquea hasta llegar a su portal. 

Me gusta mi calle, oscura.

Con edificios que resumen 

geometrías de cartón, 

típicas miniaturas 

de maqueta de escuela. 


Comentarios