Poema a un perro

¡Qué grande eres, Kifi! 

 ¿Quién iba a decir 

que tendrías un lugar en mi mundo 

y que tú me dejarías entrar al tuyo

a partir del marrón almendrado 

de tus ojos? 

Aunque los paseos 

disminuyan su ritmo,

y nos paremos en cada loseta del barrio,

a oler territorios. 

Cuando vienen un huskie o un galgo 

los expulsas con los ojos,

y, sin embargo, te he visto 

combatir en las aceras,

por un resquicio de dignidad.

La que te queda, a tu edad. 

Eres medio atleta

y tu mandíbula puede casi destrozar 

una cadena. 

Gracias a tí me he reconciliado un poco 

más con el mundo. 

He observado que el mediodía 

de un jueves festivo puede ser todo un acontecimiento:

una fiesta de barro, madera y pelotas pinchadas

Contigo he reaprendido, más todavía, a amar

y éso no tiene precio.

Comentarios