El traje nuevo del emperador fue un cuento
que le regalé a vuestra hija,
sin otra finalidad que el que le gustara leerlo.
Sin embargo, en vuestros cálculos de geometrías triangulares,
todo era posible menos la humillación.
Eso de que la gente se enterara
de algunos manejos y enjuagues
no estaba dentro de los planes,
de una pareja decente y progre,
de Sant Cugat o Ciudad Jardín.
Entonces para transformar el sesgo, y construir la opinión,
se os ocurrió algún contraataque.
Por esta razón, antes de que como pareja formal
emitieseis un comunicado,
acción previa a vuestra salida
de ciertos recintos amurallados,
y cuyo objetivo era defenestrar a aquel hombre libre que
suscribe todavía y que camina por las aceras
como cualquier otro,
denigrar su figura,
desmontar sus tendencias y algunas de sus obras,
desaparecistéis
y, en el fondo, estabáis haciendo un favor.
Desearía que vuestro recuerdo
perteneciera exclusivamente al pasado
y se pudiera extraer de una carpeta como un fichero
que representara un conjunto de aprendizajes.
Por puro egoísmo, preferiría que no os relacionaseis
con ningún miembro de mi familia,
pero ésto no lo veo factible,
dada cuenta la relación de amistad entre los niños.
Por mi parte, sois expediente archivado,
ejemplo preclaro de solidaridad a medias,
salvadores que no alcanzan
totalmente a salvar,
¿nos salvareis en el trance final?
Os salvareis a vosotros mismos,
y, por tanto,
con vosotros no se puede contar.
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