Thirty three

Era una noche clara y las dos amigas se citaron en el irish pub thirty three 

para compartir confidencias sobre aquel hombre. 

La mujer más experimentada inició la conversación

hablando de lo pesado que era el marido de la otra,

que no paraba de insistirle en que tuvieran algo juntos

y que ella no estaba dispuesta, además de que el suyo estaba enterado de todo. 

No parecía una broma. Era una ofensa grave. 

En aquel momento, se hizo el silencio 

y la noche se volvió algo más oscura. 

La luz venía a poner énfasis en una situación dolorosa para ambas,

que aquel hombre había producido para propio beneficio. 

Atrás quedaban las dudas, la voz de la experiencia había decidido 

tomar el camino de la simplificación:

continuar su vida como hasta ahora,

desterrar las cavilaciones, 

defender su posición y su imagen,

poner punto y final a la sombría relación. 

De nada o de poco servían las pequeñas medias verdades,

la defensa a ultranza de la amistad sin fisuras,

las dudas, la entrega, el afecto entregados,

ese hombre era culpable y se le aplicaba una sanción.

Sanción que no sería definitiva,

pues a partir de aquel adiós,

ese hombre entró en una espiral de errores,

que le abrieron la puerta de su casa. 

¿Alguna postal dándole 

ánimos le envió? ¿Por qué había de hacerlo si un problema se eliminó?

Tras despedirse (las dos amigas) se saludaron. 

Parecían convencidas de la buena resolución.

¡Bonita manera de construir giros teatrales!

Además, la mujer experimentada

salió reforzada de aquella situación.

Su negocio creció rápidamente

con grandes dosis de expansión. 

Estatus, conciencia y selección. 

Ni un pero a la dama intachable

ni al todo supremo redentor

que, cada noche, la aguardaba, en su puesto de farero mayor.

¿Qué hacía aquel hombre crédulo e ingenuo 

bebiendo los vientos por aquélla 

que comenzó su ejecución? 

Hay muertes en vida, señores y señoras, 

que merecen la pena para darle a la cosa rigor. 

Jesucristos urbanos, pagan los platos 

rotos por otro impostor

y se llevan el abucheo de un público

intoxicado por sopa de coliflor.

Dice el mandamiento de lo profano : "Amarás a la mujer del prójimo,

aunque ésta te de largas durante año y medio,

con sus idas y venidas, hasta que en la agonía del amor,

te diga que no. "

Y, acto seguido, culparás a los astros, al artículo 47 de la constitución,

al Barça que ha perdido, y a los dioses que no han sido clementes

contigo, ¡oh, pobre pecador! 

Tocará aprender humildad y mirar qué ocurre en el interior. 

Como corolarios, amplios preceptos de barata filosofía:

En una guerra nadie es el bueno. 

El juez más feroz está en tu interior. 

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