Escaparates

 Cuando mi madre y yo 

paseábamos 

por calles céntricas 

en horas 

en las que las tiendas habían cerrado,

se fijaba, debido a su pasado en el mundo del comercio,

en la geometría dispuesta en los escaparates. 

Aprendía de aquellas descripciones, sin quererlo,

algo del oficio de escaparatista. 

La intención del que disponía las telas,

la inclinación del maniquí,

la combinación de colores. 

Asistía también como espectador 

a su visceral juicio estético.

¡La falta de oportunidad de las flores 

con los cuadros! 

La creía, y lo asumía como algo cierto,

como una idea inmanente al acto creativo

del trabajo analizado. 

Tal intensidad se me hacía difícil de llevar,

pero soportaba la carga emocional 

que había

en la tristeza de un pasado en el gremio

no demasiado exitoso,

lleno de controversia y brillo en decadencia. 

Por ello, no me paro demasiado a mirar los escaparates

pero me causan interés

las tiendas de zapatos, pues con éstos,

se puede caminar. 

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