Dedicado a mi querido A.
Hoy te traigo una historia en lugar de una carta. Seguro que en ella encontrarás errores míos pero te invito a que los detectes y me cuentes tus propias ideas.
Érase una vez un erizo que se iba haciendo mayor y al que le costaba poner palabras, a veces, en sus sentimientos y emociones. Para no escuchar lo que no quería escuchar construyó un muro con ladrillos de colores. Sucedía que el viento cargado con palabras "no permitidas por el erizo" encontró la forma de colarse entre las fisuras de los ladrillos. El erizo no sabía cómo clasificarlas. Si eran grandes, medianas, pequeñas o de qué tamaño. Si pertenecían a algún color de la escala cromática. Si tenían olor o sabor, o si eran demasiado antíguas que habían pasado totalmente de moda. Una característica propia a estas palabras es que estaban llenas de amor y de comprensión e intentaban acariciar las púas puntiagudas del sistema defensivo así como también su silencio.
Ante esta situación ... ¿qué cosa podía hacer el erizo?
¿Cómo protegerse de aquellas palabras que rompían el pacífico silencio en la placentera paz del cómodo hogar?
"¡Iros, palabras!", determinó el erizo enfurecido. Dicho y hecho. En el acto de retirada, una palabra traviesa y rebelde se escapó del grupo y se acercó al erizo.
El viento, que viene y va, que vive bajo el techo del cielo, que conoce la lluvia, la humedad, la nieve y otros fenómenos atmosféricos, se resistía a abandonar al erizo (¡otra forma de resistencia!)
y, sabiendo que eran dos personajes de cuento independientes, empujó a la rebeldía a la palabra para poder decir alto y claro: AMOR
¿Cómo lo recibió el erizo? ¿Lo sabes tú? :)
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