Brindo por todos aquellos...

Brindo por todos aquellos amigos 
que se fueron,
porque, 
en el fondo,
no fueron amigos. 
La amistad es una militancia de tiempo,
una hermandad que se forja en la dificultad 
y no en el conflicto de intereses.
Es un comando que perdura,
un bastión inexpugnable
que puede resistir 
vendavales, tormentas y otras catástrofes.
Da igual la cantidad de años que no has visto a esa persona.
Si es amigo, te recibe con la sonrisa 
de siempre en el rincón esperado
y no importa en qué ciudad, ni en qué calle,
se comporta como tal,
como un hermano.
Brindo por todo aquellos enemigos que se fueron,
porque ya consiguieron su objetivo.
De todas formas, ninguna victoria ni ninguna derrota son completas.
Episodios de aprendizaje que nos sirven para formar el caracter 
y adquirir experiencia.
Hay que felicitarlos porque nos pusieron en apuros.
Pero también hay que recordarles 
que la falsedad, la difamación y la mentira,
no son plato de buen gusto. 
¿Quién alcanzó alguna vez la gloria de forma sencilla?
¿De veras cuando la alcanzó fue realmente la gloria?
Pocos recuerdan el dulce crepitar de las hojas de los árboles 
en otoño,
el suave silbido de la brisa,
o el claxon de un coche
de un enemigo que se despide para siempre
y que nunca vuelva.

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