Fuenteovejuna

Tal vez se equivocaba Fuenteovejuna
al matar "a su alcalde".
El argumento fallido no les devuelve
a la senda de una búsqueda,
ni trae la más mínima coherencia.
A raíz de unas ciertas informaciones
no constatadas,
un comité de expertos se puso a elucubrar.
¿Acaso la invitación a un vino era material de delito?

Se juntaron algunos de esos entendidos que caminan
construyendo "verdades de todos"
que...
y fijate tú, ¡qué curioso!
son "verdades de todos" que sólo les favorecen a ellos.

La "verdad de todos" dirigida desde un grupo de influencia aventajado,
no es "la verdad de todos", sino "la verdad de unos pocos".

Para fabricar la línea que devolviera estabilidad a los lugares
se dictaron normas,
se impusieron severos límites.
El reformismo lo llenó todo
de comisiones,
en las que la gente vociferaba,
ante la ignorancia de cultura democrática.
Grandes actos de aparición de personajes-emblema
de la cuestión conocida.

Hubo gentes que señalaban al "alcalde" apodándolo "comisario de Coslada",
"sheriff del condado", o "Donald Trump de turno",
pero todos eran chascarrillos fáciles de andar por casa,
de esos con los que uno ríe al tomarse unas cuantas cervezas.
Nada demasiado creíble.
En la peluquería más famosa del barrio,
regentada por una tal Irene Calle,
se habla todavía del "hombre de las paellas".

Fuenteovejuna diseñaba
su acción ecuménica y evangelizadora,
captaba adeptos,
modelaba el devenir de los barrios progresistas
que se hacían emocionar
ante la apertura
de un centro cívico con aceleradas sesiones de euforia.
Grandes cantautoras, plantado de árboles, higiene cívica.
¿Cuánto duraría la euforia? ¿Hay algo más allá del ecologismo?
¿Hay algo más allá de las consignas del establishment verde?

La revolución podía ser aplazada.
Había que destacar
un "nuevo comunismo" en formato Ikea,
que no era demasiado sólido
porque no repartía la riqueza
ni se gestionaban de forma pública
los recursos ni los medios de producción.
Fuenteovejuna era una involución
descrita por el pintor Moreno Carbonero
al representar al Quijote dándose de bruces
contra los molinos de viento del capitalismo rancio y patrio.




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