En tus coordenadas

No sé si te amaba como idea,
como fantasía,
como presencia de una infancia ya lejana,
siguiendo el fiel retrato
de mujeres melancólicas
a las que he adorado sin éxito.

En tus coordenadas,
te mantenías en esa distancia de control
justa,
y yo era incapaz de traspasar tus defensas,
cada vez más hirientes,
y detalladas.

En el bucle infinito que constituye
la contínua llamada de un hijo
hacia su madre cuando ésta no atendía, yo continuaba,
insistiendo.

El estado de insconsciencia
se dilataba.

La elaboración onírica
todo lo mezclaba.
Desordenaba ciudades,
vivencias,
lo ponía todo al trasluz
de la mirada crítica,
justa y necesaria.

La contundencia de una verdad
no hacía más
que añadir dolor y sufrimiento.
No conseguía el objetivo de rectificar
hacia la conducta deseada.

Mientras tú, en tu baile,
mirabas de forma secreta
al otro lado de la estancia,
y nuestros ojos se cruzaban
muriendo de amor,
con una lenta y dulce agonía.

Lo cierto es que
ya había fracasado
antes de haberte conocido,
pero quería perderme
en tu mar del Norte
y ser un barco
a la deriva que atravesara
altos oleajes interminables.

Todo terminó en tragedia
sin que nadie muriera.

Comentarios