Mi amado padrino
me llevaba cada verano
a la casa de su suegro
a bañarme en la piscina,
a pasar el día y
a evitarme estar otro día más
en el tedio de la casa familiar.
Sin embargo, Alfacar se presentaba
como una torre fría y gris
llena de laberintos y recovecos
que no conseguía
en un primer instante descifrar.
Los ojos de un niño
analizaban
aquella continuación
de un largo día,
en el que además de otras formas de pensar,
estaba la figura de Don Manuel,
querido y odiado a la misma vez,
por su mal carácter secular.
Luego estaban las hermanas de mi tía,
que no paraban de hablar.
Algunas me regañaban en exceso,
y a mí eso no me gustaba ná.
Luego estaba la despedida,
la vuelta a mi casa,
el tener que a todos besar.
¡Sufrimiento y castigo
después de los malos ratos que dan!
En el coche, en el asiento de atrás,
escuchaba a mi amado padrino,
la cantinela recitar:
De todas las cosas juntas,
una por una,
que había hecho mal.
La luz naranja de las farolas de Cartuja
anunciaba el comienzo de la Ciudad.
El adiós a lo vivido no se podía aplazar.
Vidas en el extrarradio difíciles de manejar.
Ha estado usted en contacto
con un alma libre,
y éso lo ha de aceptar.
Las almas libres son difíciles de gobernar.
La libertad para ellos es algo básico
y no se puede negociar.
Alfacar, torre fría y gris.
Lágrimas sobre la fuente
del destrozado jardín.
Batallando por la vida,
nuestro llanto no fue escuchado.
Aprendimos a vivir callando
como guardan silencio los vigías
que, desde lo alto, nos contemplan
con escasa fortuna en el trato.
me llevaba cada verano
a la casa de su suegro
a bañarme en la piscina,
a pasar el día y
a evitarme estar otro día más
en el tedio de la casa familiar.
Sin embargo, Alfacar se presentaba
como una torre fría y gris
llena de laberintos y recovecos
que no conseguía
en un primer instante descifrar.
Los ojos de un niño
analizaban
aquella continuación
de un largo día,
en el que además de otras formas de pensar,
estaba la figura de Don Manuel,
querido y odiado a la misma vez,
por su mal carácter secular.
Luego estaban las hermanas de mi tía,
que no paraban de hablar.
Algunas me regañaban en exceso,
y a mí eso no me gustaba ná.
Luego estaba la despedida,
la vuelta a mi casa,
el tener que a todos besar.
¡Sufrimiento y castigo
después de los malos ratos que dan!
En el coche, en el asiento de atrás,
escuchaba a mi amado padrino,
la cantinela recitar:
De todas las cosas juntas,
una por una,
que había hecho mal.
La luz naranja de las farolas de Cartuja
anunciaba el comienzo de la Ciudad.
El adiós a lo vivido no se podía aplazar.
Vidas en el extrarradio difíciles de manejar.
Ha estado usted en contacto
con un alma libre,
y éso lo ha de aceptar.
Las almas libres son difíciles de gobernar.
La libertad para ellos es algo básico
y no se puede negociar.
Alfacar, torre fría y gris.
Lágrimas sobre la fuente
del destrozado jardín.
Batallando por la vida,
nuestro llanto no fue escuchado.
Aprendimos a vivir callando
como guardan silencio los vigías
que, desde lo alto, nos contemplan
con escasa fortuna en el trato.
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