A un hombre gigantesco
por su corazón
Gracias por estar ahí querido padrino
Muchos niños solían pasear con su padre
en domingo.
En mi caso nunca paseé con él
en la fiesta de guardar.
Sin embargo, cuando sus obligaciones
se lo permitían,
mi padrino me llevaba a dar una vuelta,
y solíamos hacer un desfile
de domingo
por la carrera de la Virgen
y el paseo del Salón,
castizos lugares
del centro de Granada.
Conmigo hizo prácticas
y más tarde se convirtió en padre.
Mis primos eran muy queridos,
pero claro, se quedaban en esa distancia
justa en la que permanece alguien
que no traspasa en exceso
el umbral del corazón:
en la sala de espera.
De más mayor, me llevaba a la feria del Corpus,
y me hacía un aparte de sus propios hijos.
Conforme iba creciendo, me regañaba
a deshoras en las fases solitarias de mi adolescencia,
sin saber cómo atajar los problemas,
y yo le escuchaba con el escepticismo
que implica la frase "a buenas horas lo dices".
Pese a todo,
él me cuidaba y me acompañó
en momentos difíciles
en la travesía inevitable hacia
la feria de la vida.
¿Qué cómo me fue en la feria de la vida?
Si todavía no ha acabado...
Ya te lo contaré por aquel entonces.
Sí, Querido Padrino, me llevaste a la feria:
la real y la metafórica tan real
como la vida.
por su corazón
Gracias por estar ahí querido padrino
Muchos niños solían pasear con su padre
en domingo.
En mi caso nunca paseé con él
en la fiesta de guardar.
Sin embargo, cuando sus obligaciones
se lo permitían,
mi padrino me llevaba a dar una vuelta,
y solíamos hacer un desfile
de domingo
por la carrera de la Virgen
y el paseo del Salón,
castizos lugares
del centro de Granada.
Conmigo hizo prácticas
y más tarde se convirtió en padre.
Mis primos eran muy queridos,
pero claro, se quedaban en esa distancia
justa en la que permanece alguien
que no traspasa en exceso
el umbral del corazón:
en la sala de espera.
De más mayor, me llevaba a la feria del Corpus,
y me hacía un aparte de sus propios hijos.
Conforme iba creciendo, me regañaba
a deshoras en las fases solitarias de mi adolescencia,
sin saber cómo atajar los problemas,
y yo le escuchaba con el escepticismo
que implica la frase "a buenas horas lo dices".
Pese a todo,
él me cuidaba y me acompañó
en momentos difíciles
en la travesía inevitable hacia
la feria de la vida.
¿Qué cómo me fue en la feria de la vida?
Si todavía no ha acabado...
Ya te lo contaré por aquel entonces.
Sí, Querido Padrino, me llevaste a la feria:
la real y la metafórica tan real
como la vida.
Comentarios
Publicar un comentario