Linda Sweet Dulzura
permíteme traerte esta madrugada
una canción contra la amargura.
Quisiera atravesar tu curvilínea calle oscura,
pararme ante tu puerta
y tocarla tímidamente,
para poco después,
esconderme bajo el alfeizar
de la ventana
con la intención de darte
una positiva sorpresa.
¿Acaso me esperabas?
Sabrás que soy yo y no otro,
pues traigo metáforas clasificadas
por color, olor y sabor.
Adjetivos que se me escapan
de las manos,
desobedientes,
y que se lanzan sobre el sustantivo
para modular su impacto.
Pensarás que voy de chulo,
al llamarte Linda Sweet Dulzura,
un chulo de esos que salen en las películas
de gangsters,
y que dice : hey Muñeca, sube a mi coche.
Pues no.
Entre otras cosas,
porque no tengo coche,
y entre otras cosas,
porque no te considero un objeto.
En la calle donde solíamos parar,
después del trabajo,
tú te recostabas contra un muro
de aquéllos donde crecía salvaje la hiedra.
Me tapabas la boca con tu mano,
y decías
(¡oh Linda Sweet Dulzura!)
algo con tu voz de soprano,
para excusarte por tu inmediata partida,
ya que tu marido estaría pronto en casa.
Si alguna vez el vacío
te embarga hasta la locura,
no cedas, no cejes,
de continuar con gigantesco paso,
al ritmo de orquestas
que buscan armonía,
tras el atronador deambular de la historia.
Si alguna vez piensas que estás acabada,
comprenderás que siempre habrá nuevos amores,
nuevos comienzos, nuevos desiertos, urbanos y no,
tras los que guarecerse
y en los que te encuentres
, irreparablemente, a tí misma,
como yo ante mí mismo
, en cada amanecer,
sin demasiada solución,
me he encontrado.
permíteme traerte esta madrugada
una canción contra la amargura.
Quisiera atravesar tu curvilínea calle oscura,
pararme ante tu puerta
y tocarla tímidamente,
para poco después,
esconderme bajo el alfeizar
de la ventana
con la intención de darte
una positiva sorpresa.
¿Acaso me esperabas?
Sabrás que soy yo y no otro,
pues traigo metáforas clasificadas
por color, olor y sabor.
Adjetivos que se me escapan
de las manos,
desobedientes,
y que se lanzan sobre el sustantivo
para modular su impacto.
Pensarás que voy de chulo,
al llamarte Linda Sweet Dulzura,
un chulo de esos que salen en las películas
de gangsters,
y que dice : hey Muñeca, sube a mi coche.
Pues no.
Entre otras cosas,
porque no tengo coche,
y entre otras cosas,
porque no te considero un objeto.
En la calle donde solíamos parar,
después del trabajo,
tú te recostabas contra un muro
de aquéllos donde crecía salvaje la hiedra.
Me tapabas la boca con tu mano,
y decías
(¡oh Linda Sweet Dulzura!)
algo con tu voz de soprano,
para excusarte por tu inmediata partida,
ya que tu marido estaría pronto en casa.
Si alguna vez el vacío
te embarga hasta la locura,
no cedas, no cejes,
de continuar con gigantesco paso,
al ritmo de orquestas
que buscan armonía,
tras el atronador deambular de la historia.
Si alguna vez piensas que estás acabada,
comprenderás que siempre habrá nuevos amores,
nuevos comienzos, nuevos desiertos, urbanos y no,
tras los que guarecerse
y en los que te encuentres
, irreparablemente, a tí misma,
como yo ante mí mismo
, en cada amanecer,
sin demasiada solución,
me he encontrado.
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