La España indecente
se ha despertado tarde de la siesta:
Se ha desperezado y ha encendido la radio
donde locutores de su confianza,
de contrastado renombre,
desmenuzan la actualidad
insuflando proclamas
de sobra conocidas,
pero de sobra aplaudidas,
por un público abnegado.
Se ataca en estas tertulias
a ese enemigo construído
para ser derribado.
Se utilizan nombres propios,
nombres de países extranjeros,
y se lanzan llamadas a la insubordinación
cívica,
para alentar al gobierno paralelo
que se cocina en las sombras.
¿Qué hacer cuando las despensas estén vacías?
Reza el dilema.
Muchos olvidan que el asunto está en que dichos lugares
estratégicos de toda casa,
no se llenarán
si no hay salud para el trabajo.
Mas no dicen en las ondas, que el sistema económico
utiliza al brazo armado de la extrema
derecha para ejecutar sus planes de acción
y le renta,
por eso lo permite,
aunque sus consignas de odio y rencor
no tengan cabida en ningún país
que se atreva a pronunciar la palabra democracia.
La España Indecente va a misa y, acto seguido,
al prostíbulo.
Vende a sus hermanos, a sus padres y a sus madres
si es preciso por un puñado de denarios
y hace relucir escudos heráldicos,
para orgullo propio
intentando justificar
cualquier acometida contra la desgastada Historia.
Por mucho que se intente reformar,
huele que apesta,
y no hay forma de mutar este olor secular.
Está tan instalada,
que es difícil
desinstalarla.
Suena la sintonía y aparecen los titulares como cuñas
apareciendo:
"Última hora: La España indecente se volvió decente."
Ovación en las aceras de los barrios donde
se resiste
a esta España indecente.
se ha despertado tarde de la siesta:
Se ha desperezado y ha encendido la radio
donde locutores de su confianza,
de contrastado renombre,
desmenuzan la actualidad
insuflando proclamas
de sobra conocidas,
pero de sobra aplaudidas,
por un público abnegado.
Se ataca en estas tertulias
a ese enemigo construído
para ser derribado.
Se utilizan nombres propios,
nombres de países extranjeros,
y se lanzan llamadas a la insubordinación
cívica,
para alentar al gobierno paralelo
que se cocina en las sombras.
¿Qué hacer cuando las despensas estén vacías?
Reza el dilema.
Muchos olvidan que el asunto está en que dichos lugares
estratégicos de toda casa,
no se llenarán
si no hay salud para el trabajo.
Mas no dicen en las ondas, que el sistema económico
utiliza al brazo armado de la extrema
derecha para ejecutar sus planes de acción
y le renta,
por eso lo permite,
aunque sus consignas de odio y rencor
no tengan cabida en ningún país
que se atreva a pronunciar la palabra democracia.
La España Indecente va a misa y, acto seguido,
al prostíbulo.
Vende a sus hermanos, a sus padres y a sus madres
si es preciso por un puñado de denarios
y hace relucir escudos heráldicos,
para orgullo propio
intentando justificar
cualquier acometida contra la desgastada Historia.
Por mucho que se intente reformar,
huele que apesta,
y no hay forma de mutar este olor secular.
Está tan instalada,
que es difícil
desinstalarla.
Suena la sintonía y aparecen los titulares como cuñas
apareciendo:
"Última hora: La España indecente se volvió decente."
Ovación en las aceras de los barrios donde
se resiste
a esta España indecente.
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