Cuando Latin American Paul trató de zafarse
del control policial con tres mentiras,
el coche se detuvo,
y una pareja de los nacionales
le pidió la documentación.
Él arguyó que no la tenía encima,
que trabajaba en un hospital de la castellana,
llamado gregorio marañón.
El cerebro a veces bajo un miedo atroz
no coordina con la suficiente velocidad
respuestas coherentes.
El gregorio marañón no está en la castellana,
caballero.
Además comentó que entraba a las 10, y eran las 11.30.
Tres mentiras, tres y después vino la cuarta:
Cuando dió una dirección incompleta.
Esta cuarta mentira no consta en acta.
Suficientes para después
de su alegato sobre una propuesta de sanción,
decir que se fuera corriendo a la estación de tren,
o a la parada de autobús más cercana.
Latin American Paul no tardó demasiado en desaparecer
por el primer subterráneo que vio abierto.
Pero justo cuando entró en el subterráneo
se encontró a dos operarios arreglando una escalera mecánica.
Aprovechó una bajada al agujero de reparaciones para entrar
por una salida abierta y deslizarse como un alfil por la diagonal
de casillas negras del tablero hasta el andén.
Fin de la agonía. La vida continúa.
del control policial con tres mentiras,
el coche se detuvo,
y una pareja de los nacionales
le pidió la documentación.
Él arguyó que no la tenía encima,
que trabajaba en un hospital de la castellana,
llamado gregorio marañón.
El cerebro a veces bajo un miedo atroz
no coordina con la suficiente velocidad
respuestas coherentes.
El gregorio marañón no está en la castellana,
caballero.
Además comentó que entraba a las 10, y eran las 11.30.
Tres mentiras, tres y después vino la cuarta:
Cuando dió una dirección incompleta.
Esta cuarta mentira no consta en acta.
Suficientes para después
de su alegato sobre una propuesta de sanción,
decir que se fuera corriendo a la estación de tren,
o a la parada de autobús más cercana.
Latin American Paul no tardó demasiado en desaparecer
por el primer subterráneo que vio abierto.
Pero justo cuando entró en el subterráneo
se encontró a dos operarios arreglando una escalera mecánica.
Aprovechó una bajada al agujero de reparaciones para entrar
por una salida abierta y deslizarse como un alfil por la diagonal
de casillas negras del tablero hasta el andén.
Fin de la agonía. La vida continúa.
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