Y sigo con la retahila... Y érase una vez un contador de historias al que en el colegio de sus hijos le hicieron la vida imposible por montar un grupo de gente que construía talleres de cuentos cada domingo. Muchos se opusieron de manera tajante: ¡No, esto no puede ser! ¡No, qué ultraje! ¡No, qué variopinto! Otros lo miraban y decían : ¡No tiene ni idea! ¡No sabe contar historias! El No era el protagonista del relato. Sin embargo, el contador de historias haciendo caso omiso a toda la negatividad quiso hacer lo que tenía en mente desde que era niño y es proponer un espacio donde los niños y las niñas fueran importantes, en el que los domingos fueran una fiesta plácida para la lectura y para el progreso de la gente. Duró cinco años haciendo. El problema no estuvo ahí. El problema tuvo que ver cuando a la gente le gustaba aquéllo y filas de maridos celosos se agolpaban a la puerta de aquella persona, que se atrevió a soñar. Relaciones cordiales con los profesores y profesoras del centro. Un blog que forma una base de datos para buscar materiales...
¡Menudo sacrilegio!
A esta persona se le ocurrió gestionar el taller de cuentacuentos semanal del cole. Compañeras que venían con fuerza en su primer o segundo año de escuela (el contador estaba desde el 2009) hicieron todo lo posible para sacarlo del cuentacuentos semanal. No hicieron una gran investigación al respecto de los rumores infundados, de la tendencia difamatoria... Mala prensa, comentarios grotescos, descalificaciones gratuitas a plena luz del día... ¿Valió la pena? Sí. Porque el contador empezó a conocer mejor de qué estamos hechos los seres humanos y a comprender mejor las relaciones sociales en un lugar que no es Granada, que no tiene la impronta de ciudades del sur y que es necesario asimilar.
¿Valió la pena? Sí.
Porque ahora nada ni nadie nos para, porque tenemos muchas razones para seguir escribiendo historias y debemos seguir soñando ;)
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