Hombres necios que gritan
en calles secundarias
de barrios concéntricos.
Hinchados
por alcohol,
droga o cualquier otro efecto
que los amplía,
repiten programas
de élites a las que no pertenecen,
y se llenan la boca diciendo "empresario"
cuando ni siquiera llegan a fin de mes.
Juventud arruinada,
de casa de apuestas,
y ridículo aficionado de bar,
insultando al árbitro,
a la madre del entrenador,
y al presidente,
fastuoso negociante,
de un mercado de lujosos esclavos.
Hombres necios que gritan
en plazas mal iluminadas
mientras el paisaje de edificios
nos recuerda a una zapatería
con cajas de cartón mal colocadas
en el estante mal dispuesto de un lunes
lluvioso y aciago.
Atascos y más atascos, prisa, gente y empujones en el metro.
La sociedad no los recuerda.
Pues estos hombres necios que gritan
son la guardia pretoriana de gente más poderosa
que se ríe en su cara.
en calles secundarias
de barrios concéntricos.
Hinchados
por alcohol,
droga o cualquier otro efecto
que los amplía,
repiten programas
de élites a las que no pertenecen,
y se llenan la boca diciendo "empresario"
cuando ni siquiera llegan a fin de mes.
Juventud arruinada,
de casa de apuestas,
y ridículo aficionado de bar,
insultando al árbitro,
a la madre del entrenador,
y al presidente,
fastuoso negociante,
de un mercado de lujosos esclavos.
Hombres necios que gritan
en plazas mal iluminadas
mientras el paisaje de edificios
nos recuerda a una zapatería
con cajas de cartón mal colocadas
en el estante mal dispuesto de un lunes
lluvioso y aciago.
Atascos y más atascos, prisa, gente y empujones en el metro.
La sociedad no los recuerda.
Pues estos hombres necios que gritan
son la guardia pretoriana de gente más poderosa
que se ríe en su cara.
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