Los guardianes del pasado

Los guardianes del pasado son nostálgicos, sentimentales empedernidos, que exhiben una aparente sencillez y humildad contrastadas a prueba de auditorías. Quieren limpiar impurezas sistémicas, y si les preguntaran dirían que hacen lo mejor para los suyos.  Aunque esta actitud camufle su ambición por dominar y su instinto de conservar ya no sólo una imagen, sino la patria que, para ellos, constituye la memoria. Son defensores numantinos que se repliegan de forma sistemática y, a veces, conceden sonrisas protocolarias, saludos mercenarios, son habituales en todo tipo de ceremonias, abrillantan unas siglas o retintan en su tiempo libre, escudos heráldicos. 
Los guardianes del pasado también son vigilantes de la tradición: coleccionan instantáneas, albumes ilustrados, recortes de periódico de la familia-institución y recuerdan cuando el tío Fedeguico se sonó los mocos en la boda de la tía Asunción. ¡Qué bochorno, señoga! 
Palabras como familia, rey, patria, orden social, son palabras-emblema. 
Ellos, los elegidos, han dictado sentencia, mientras el resto (los casi-elegidos) participa a regañadientes de su gran fiesta, donde la mentira abunda en cantidad industrial y la rectificación es una sana costumbre mal entendida por meritorios profanos. 

¿Es que usted no conoce a los guardianes del pasado? Son héroes grises que le ganan la espalda a la verdad y a la valentía, y gracias a ellos, los sistemas hegemónicos obtienen su secular supremacía.

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