Pidiéndole prórrogas a la vida

¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño. ¡Que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son!

La vida es sueñó
Calderón de la Barca

A la vida hay que pedirle prórrogas.
Hay que tomarse el tiempo y descansar,
reposar sobre la piedra del camino
y dejar que la música que trae la brisa del viento
nos conmueva,
que las lágrimas
nos vengan como manantial
para sanar, aunque caigan por un solo ojo
y alegrarnos por sabernos vivos,
despiertos y conscientes
de los errores pasados, preguntándonos
quizás si se trataron de errores,
o de pequeñas grandes lecciones que aprender
de manera sistemática.

A la muerte hay que pedirle prórrogas,
para que no se nos lleve pronto,
para poder enmendar la trayectoria,
rehacernos,
reconstruirnos
como una ciudad tras un bombardeo
y resurgir de las cenizas,
sin más proyecto, sin más receta
que la del discurso programático
de la belleza,
entendida en cada una de sus variantes y acepciones.
Para conocer la belleza, hemos primero de darle un repaso
a la fealdad.
Lo que nos rodea es imperfecto,
todo está por mejorar.
Ser paisaje (urbano, rural, lo que queramos)
ser nuestro propio paraíso (terrenal, submarino, al gusto de cada cual),
y cuidar de los nuestros.


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