Penúltimas palabras

En estados de clara frustración,
siempre me acusaron
de querer decir la última palabra.
Como si mis frases fueran órdenes,
mandatos,
sacadas de un conjunto de instrucciones
que dar a un subordinado.
Pero, nada más lejos que éso.
Porque experimenté un goce por las penúltimas palabras.
Ésas que son tránsito, camino constructivo,
ésas que dejan puertas y ventanas abiertas,
a lo posible.
En esa cuestión de lo posible,
estabas tú, con tu historia, con tu marido y tu hija,
con tu trabajo, tu piso y montones de asuntos que resolver.
En la pragmática y metódica manera de mirar,

hicimos el gran agravio de no agraviar,
y agraviamos más de lo debido.

Pero al ir realizando el conocimiento mútuo,
hubo cosas que no te convencieron,
como esa forma pueril y adolescente
de hacerse notar,
como esa forma de crear interés haciendo ver
que existían otras mujeres,
como ese interés sin medida,
que parecía insano.
Sí, claro. Errores de principiante.
Y luego, la fantasía y la obsesión, que tan bien están explicadas
en la novela de J. García Sánchez La Dama del Viento Sur.

La forma en que la mujer que me había amado,
y que yo amaba,
iba a quedar en posición de desventaja.
La falta de respeto que ello acarreaba.

¿Crees que en ellos no pensé,
que por ellos hacía un esfuerzo
para contener la llama?

Mas luego estaban los hijos.
La negativa
a cuidar hijos ajenos.
Y la locura que entrañaría,
conciliar todo éso.

La intromisión en tu vida privada.
La escasa discreción.

Toda aquella farsa orquestada.

Claro. ¿Quién sería el malo? ¿Quién sería la mala?
En esa historia, alguien debía aprender,
el programa de la asignatura
ya preparado estaba.

Y el placer que subyace a las penúltimas palabras.
La de la construcción de un bunker frente
a una casa hecha de restos de lata.
La del "no lo conozco a usted" cuando nos cruzábamos por la calle,
después de la espantada.

La de la arrogancia y la altivez como escudo
frente a la desnuda mirada.

Y sin ser una onegé intentaste proteger a quien más lo necesitaba.
¿De veras lo hiciste
mientras permanecías callada?

Marido y Mujer eran miembros de un comando
que cumplía un plan definido,
de desterrar todo indicio de amor,
y convertirlo todo en una modélica
y práctica rutina. 


Comentarios