No seríamos justos con los demás

No seríamos justos con los demás
si siempre generalizásemos
e hiciéramos afirmaciones categóricas
sobre la "verdad incuestionable"
que subyace a la idea
de que no les importamos nada.
Porque entre el nada y el algo,
hay toda una gama cromática.
No podemos pedirles a todos
el mismo nivel de implicación,
ni de compromiso,
ni de atención,
porque en tal caso
estaríamos ignorando
las posibles mareas interiores
que los demás también
frecuentan.
No seríamos justos con los demás
si en la colisión de mundos
quisiéramos que prevaleciera
el nuestro a toda costa,
frente a la destrucción del ajeno.
Cuando afloran las emociones,
cuando la vivencia es rememorada,
hace falta ordenar las ideas
desde un punto de vista cronológico,
evitando la asepsia
que señala claramente la puerta de salida
de ese lugar en el tiempo
que formamos cuando
sin querer, coincidimos con antíguos miembros de la tribu
y nos vemos en la obligación
de seguir el ritual del bar, de las cervezas y la ración de bravas.
No seríamos justos con los demás,
ni clementes,
si no amortiguáramos la palabra que hiere,
y que aniquila.
Palabras, dardos que pueden sanar, pero que pueden
profundamente tocar de muerte,
a las almas dúctiles y maleables,
como el metal fundido.

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